Hemos sido creados a imagen de Dios
"[...] el pecador que por la gracia de Dios misericordioso emprende el camino de la penitencia, regresa al Padre, que
‘nos amó primero’ (1 Jn 4:19); a Cristo, que se entregó por nosotros12 y al Espíritu Santo, que ha sido derramado abundantemente sobre nosotros"13.
Ritual de la Penitencia, 5
Los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Algunas personas pueden malinterpretar esta impresionante declaración del libro de Génesis. Al principio, tal vez nos imaginemos que Dios tiene las mismas características físicas que nosotros y que hemos sido creados con su mismo aspecto físico. Es posible que hasta nos imaginemos que Dios se comporta como nosotros. Pero Dios no es un ser humano.
La Iglesia quiere decir algo mucho más revolucionario cuando profesa que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Dios no necesitaba crear el mundo. La creación es puramente un don. Y aún más remarcablemente, al crear el mundo, Dios no simplemente hizo cosas: Él mismo estableció una relación con la creación. O sea que la única razón por la que Dios creó fue por amor.
Entonces, cuando proclamamos que los varones y las mujeres han sido creados a imagen y semejanza de Dios, profesamos que hemos sido creados para ofrecer al mundo el mismo amor desinteresado de Dios. Volverse como Dios no quiere decir adueñarse del poder y acapararlo a cualquier costo. No es un deseo de ser alabado y adorado. Ese deseo de poder y control es el origen de todo pecado. Más bien, fuimos creados para entregarnos en amor y, así, parecernos más al Dios que ama hasta el final.
En Jesucristo, conocemos plenamente lo que significa haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Jesús rindió su voluntad completa al Padre, ofreciendo en amor, su humanidad al mundo. Sanó a los enfermos, comió con los marginados y finalmente, en la Cruz, rehusó responder a la violencia con violencia. Cristo viene a revelarnos que ni pecar, ni tratar de ser como Dios por la fuerza, son parte de la naturaleza humana. Al contrario, fuimos creados para algo más: para entregarnos en amor. Fuimos creados para dar el don del amor de Dios y nuestro amor a otros.
Reflexión ¿Cómo podría el concepto de dar desinteresadamente cambiar la manera como usted ve a Dios? ¿Cómo cambia esto la manera en que se ve a sí mismo?
Señor, al comenzar este viaje, ayúdame a enseñar a estos niños acerca de tu increíble amor y tu perdón misericordioso.